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Las mujeres que viajan solas son feministas

¿Recuerdas tu primer viaje en solitario?
El miedo propio a veces te invitaba a abandonar los planes, a posponerlos para cuando tuvieras más dinero, más tiempo, cuando alguien te acompañara.
El miedo ajeno te paralizaba: tantas mujeres violadas, desaparecidas, muertas, robadas, masacradas, insultadas, lastimadas.
Los prejuicios frenaban: iban a pensar que no podías conseguir pareja, que eras una marimacho, una cualquiera, una libertina, una solitaria.
Pero aún así saliste a tu primera aventura, y descubriste cosas que de haber ido acompañada pasarían desapercibidas, te conociste, te fundiste en el silencio y así escucharte, extrañaste a los que esperan en casa, apreciaste tus privilegios, permitiste dejar ir lo que te hizo daño, venciste las trabas, te viste autosuficiente, valiente, pudiste darte cuenta de que bastaba tu ser para atravesar ríos, mares, aires, continentes, desiertos.

Te sorprendiste al saber la bondad del universo, te permitiste conocer nuevos compañeros de viajes (algunos de minutos, otros para siempre), hiciste nuevos amigos que vieron cosas que otros nunca vieron, viste la vida desde un ángulo diferente, te diste la oportunidad de ser quien de verdad eras sin que nadie te juzgara. Comiste cosas que nunca habrías de comer, fuiste capaz de hablar el lenguaje de señas, de ubicarte en un mapa, de confiar en extraños, de dormir en casas de desconocidos, en lugares públicos, en estaciones de tren, en buses, en aeropuertos, en aviones, en parques, en playas.
Aprendiste en carne propia que el machismo existe y que muchas veces lo ejercen las mujeres. Supiste que muchos intentarían hacerte daño, sobrepasarse, humillarte, perseguirte, insultarte, pero también encontraste formas de enfrentarlos, de esconderte, de buscar ayuda, de protegerte, de contestar, de ignorar, de dejar la vergüenza, de dejar el miedo, de perdonar, de comprender y empatizar.
Gracias por ese primer viaje que hiciste, y porque ganaste un poco de valor para el siguiente, para los días, semanas, meses y años en los que seguirías llevando tus propias cosas en tus hombros, la sabiduría en el corazón y lo aprendido en el recuerdo. Gracias al paso que diste, otras mañana también lo harán, porque gracias a tu presencia un lugar será más seguro, porque otras se sentirán seguras a tu lado, porque la charla que tuviste con esa desconocida le cambiará su mundo.
Sí, eres una feminista, tienes la lucha en la mochila y en las botas, la valentía en los ojos, la experiencia en el alma.


Soy feminista. No de las que se quitan la camisa, no de las que militan activamente, no de las que pertenecen a un colectivo, no de las que dan charlas: a todas ellas admiro y aprecio. Todas las luchas son honorables, y de todas necesitamos. Mi lucha la doy viajando y mi arma es mi mochila.
Soy feminista y mi feminismo, como mi personalidad, es muy particular.

Soy feminista, no me maquillo, odio los tacones, me siento incómoda en vestidos, llevo años sin planchar y apenas me desenredo el pelo cada día, pero reconozco a las feministas que se maquillan, usan tacones, vestidos y están peinadas cada día.
Soy feminista y me depilo, tengo pareja, amo cocinar, ordeno mi casa, doblo la ropa, y reconozco a las feministas que no se depilan, ni tienen pareja, ni cocinan, ni cuidan de su casa, ni doblan la ropa.
Soy feminista y no quiero hijos (aunque me encantan los niños), apoyo el aborto libre y gratuito (aunque, creo, no lo haría), tengo Maestría (y quiero hacer un doctorado), llevo años trabajando y viajo sola y acompañada, pero reconozco a las mujeres feministas que tienen, quieren, enseñan y cuidan a sus hijos, que no están de acuerdo con el aborto, que no quieran o puedan estudiar, que no trabajan por sueldos remunerados y que no viajan solas.
Soy divorciada y agradezco a que otras mujeres dieron la lucha para que yo pudiera decidir el momento en el que quise cambiar mi vida. Voto, salgo a la calle sola, uso pantalón, estudié en una universidad y todo eso se lo debo a esta lucha. No fue, ni es, ni será una lucha contra los hombres, es una lucha en conjunto con ellos por la igualdad de oportunidades y el respeto a la diferencia de la naturaleza de cada uno.
Nos enseñaron a odiarnos entre nosotras, a insultarnos, a criticarnos, yo hoy quiero que nos unamos y le dejemos a la siguiente generación el amor que también puede construirse desde el apoyo y la empatía, desde el respeto a la diferencia. Hoy salgo a marchar porque todavía tenemos luchas que dar, para que mis sobrinas, mi ahijada, las hijas de mis amigos, de mis familiares, no se sientan nunca relegadas por ser mujeres.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Tus palabras me llenan de orgullo , de ver la mujer íntegra, dedicada, consiente, sabia y amorosa en la que en estos últimos 4 años has ido elevando a niveles más y más admirables.
    PD: Me encanta leerte.

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